Todos sentimos que aún estamos atravesando una crisis económica en nuestro país, pero si bien vemos como se han disminuido las ventas de casi todos los rubros, y que disminuyó el consumo en general de todos los productos, asistimos a una merma de trabajo y aumento de desempleo. Sin embargo, podemos ver que estamos en una meseta, como si nada cambiase, pero se mantiene todo como hace dos meses.

En realidad no es así, la macroeconomía ha mejorado, están aumentando las reservas del Banco Central por compras directas, lo ha descomprimido el tipo de cambio y se mantiene alto gracias a las compras que realiza el BCRA, y eso descomprime la alta inflación que tenemos agazapada. La Bolsa sigue creciendo hacia arriba, y los bonos han aumentado mucho su valor de venta. Ante la revaluación del real, la balanza comercial con el Brasil nos será cada vez más favorable, y permitirá tener una fuente de ingreso de divisas para financiar los pagos al exterior y el aumento de reservas. Pareciera que todo va bien, pero no es así en la microeconomía, la que nos alcanza en forma directa.

Los precios siguen aumentando, los salarios se mantienen en los valores ya conocidos, y son muy pocos los que han conseguido aumento. No hay nuevos trabajos, y la desocupación que aumentó respecto al año pasado, se mantiene estable, pero más alta. Como valor positivo, la inflación está disminuyendo, pero en realidad baja por que han bajado las ventas.

La deuda interna del gobierno nacional sigue aumentando, el banco ANSeS sigue prestando fondos, y el gobierno se financia en parte de esta manera. Por ahora hay margen, pero cada vez es menor, y cuando se llegue a los límites, seguramente en el 2010, volveremos a tener presiones desestabilizantes. Es que los productores si bien aumentan los precios levemente, prefieren hacerlo así que aumentar su producción, contratando más mano de obra, pues no está claro si podrán vender mayor cantidad de productos, ante la pasividad generalizada y la meseta económica de esta crisis.

El presupuesto nacional del año 2010 que está proyectado y en tratamiento en el Congreso Nacional corrobora estas afirmaciones, al haberse calculado con un dólar promedio de $3,95 para todo el año, una inflación muy baja, y un crecimiento del PBI por demás escueto.

Los subsidios se están concentrando en cada vez menos actividades, y habrá aumento de tarifas, apoyadas por el gobierno, durante este año y el próximo. Ante los ingresos casi congelados, el aumento de tarifas, inevitablemente, reducirá el consumo de la población.

Todo camina hacia el mismo horizonte. Sin crecimiento económico, como los vividos en años anteriores que superaban el 5% anual como mínimo, no tendremos un mejoramiento notable.

O dicho en otras palabras, la crisis del año 2009, la aceptemos como interna o influenciada por la crisis financiera mundial, quedó plasmada en una reducción de casi el 3,5% del PBI solo en el año 2009. Se espera que el crecimiento del año 2010 sea del 2% o en el mejor de los casos llegue al 4% si entran capitales del exterior, o financiación pura del FMI. Con lo cual a fines del próximo año todavía estaremos por debajo del nivel de fines de 2008. Seguiremos en la meseta, esforzándonos. Por ejemplo, el turismo ha mermado un 38% en Argentina respecto al año 2008.

Por todo lo mencionado es que no hay grandes perspectivas de salir rápido de este estancamiento. Y la esencial será tomar medidas para mantenernos de la mejor manera posible, esperando crecimientos lentos en los próximos años, hasta que los cambios de la macroeconomía bajen a la microeconomía, y para ello son necesarias pautas políticas y económicas claras, positivas y ventajosas para los inversores. Sin inyección de nuevos capitales, será imposible crecer a una tasa mayor.

Para los empresarios, los comerciantes y los prestadores de servicios, el gran desafío será “recalibrar” sus empresas, y con lo que tienen hacer más, sin aumentar sus costos y tratando de innovar para reducirlos en forma importante. Es lo que están haciendo las empresas en el mundo.

Ya se han achicado en mano de obra, y mucho más ya no tiene sentido achicarse. Ahora hay que remodelar la empresa para lograr que la productividad aumente haciendo mejor lo que ya se hace, aplicando tecnología nueva donde se pueda lograr eficiencia, encontrar nichos de mercado que puedan hacer aumentar las ventas y las ganancias. Obviamente enumerar todas estas acciones es muy sencillo. Desarrollarlas, aplicarlas y que funcionen obligan a un gran esfuerzo y aun liderazgo que no todas las empresas tienen. Por eso es el desafío.

El mismo desafío lo tiene los consumidores en sus casas. Deberán hacer lo mismo ante el aumento de las tarifas y de los precios de muchos de los productos que consumen. Deberán ver que productos y servicios dejarán de lado para centrar sus esfuerzos en mantener otros servicios y consumir los productos que realmente necesitan consumir.

No entender estas realidades y estos horizontes simplemente le causarán mayores problemas. Una solución única no hay y solo es posible encontrar opciones a cada caso en particular, sino no sería un desafío.

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